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El mejor consejo para mejorar la comunicación con tu hijo/a

Actualizado: 9 jun 2021

Mantener una buena comunicación con nuestros hijos es clave para que puedan expresar sus emociones y se sientan apoyados. En este artículo te explicamos el mejor consejo para conseguirlo.



¿Quieres ir directo al grano? Te ponemos un índice para que vayas directo a la parte que te interesa, aunque te recomendamos que te lo leas todo si quieres entenderlo todo de verdad.


- Los problemas de comunicación con nuestros hijos

- Las emociones negativas en nuestras sociedad

- Un espacio seguro

- ¿Por qué aparecen los problemas de comunicación entre padres e hijos?

- El principio de bienvenida

- El ejercicio práctico para mejorar la comunicación con tu hijo/a


Los problemas de comunicación con nuestros hijos


¿Sucede alguna de estas 3 cosas en tu familia?


- Tu hijo/a no se expresa, es muy hermético, no cuenta nada (ni lo cotidiano ni cosas personales)

- Tenéis mala comunicación (hace mucho tiempo que discutís, no se puede hablar con él o ella porque a la mínima se lo toma todo cómo algo personal o, no te escucha o, no te hace caso o te ignora...

- Notas que no hay conexión entre vosotros. Hay algo entre tú y tu hijo/a que os separa. Algo que no fluye. No os entendéis o notas que estáis distanciados.


Si te encuentras en alguna de estas situaciones o en varias de ellas a la vez, que sepas que no eres la única persona, pues el problema de comunicación con los hijos/as es un tema muy recurrente entre las familias.


Llegados a este punto debemos tener en cuenta 2 cosas muy importantes:


1) No se ha llegado a este punto de forma automática ni de golpe. La mala comunicación es una consecuencia de algo más. Deberemos descubrir qué es exactamente lo que nos ha llevado hasta aquí. (Ahora lo veremos)


2) Resolver esta situación es clave porque sin una buena comunicación no se puede resolver ningún conflicto, y los problemas irán siempre a peor hasta que no pongamos una solución.





Las emociones negativas en nuestra sociedad


Antes de seguir, para poder entender bien el consejo que te daremos, tenemos que hacer un pequeño paréntesis muy importante... Resulta que a las personas de nuestra sociedad no nos gustan las emociones negativas. Las rechazamos, las despreciamos, las tapamos y las censuramos. Cuando una persona está llorando, lo primero que le decimos es "No llores". Cuando alguien está enfadado o triste, le intentamos quitar hierro al asunto para que vuelva a un estado positivo y nos sintamos todos más tranquilos.


Actuamos así porque es nuestra cultura. Así nos han educado y así se ha transmitido de padres a hijos. De hecho, frases como "Los niños o los hombres no lloran" dan buena fe de ello.


El problema de esta forma de pensar y actuar es que de las 307 emociones que sentimos los humanos (Según el proyecto "Universo de Emociones" liderado por Eduard Punset) casi el 70% son negativas (tristeza, rabia, aburrimiento, decepción, miedo, vergüenza) y solo un 30% son positivas. ¡Esto comporta que esté mal que expresemos el 70% de lo que sentimos!


Este boicot social que hace que no podamos expresar libremente nuestras emociones negativas hace que nos las traguemos. Eso comporta que no podamos gestionarlas correctamente y puede que se queden "enquistadas" dentro de nosotros. Y esto es más serio de lo que parece. Porque una emoción negativa no resuelta puede acabar generando una herida emocional que marque nuestra manera de pensar y nuestro comportamiento para siempre.


Y ahora te preguntarás... y qué tiene que ver esto con la comunicación con mi hijo/a? Pues mucho más de lo que parece...



Un espacio seguro


Nuestros hijos e hijas, como todas las personas y cómo tuvimos nosotros en su momento y tenemos aún ahora, tienen muchas necesidades. Físicas y emocionales.


Una de ellas, la que más nos interesa ahora mismo, es la de sentirse importantes y reconocidos.


Los niños y niñas o adolescentes necesitan poder expresarse y sentir que sus preocupaciones y sus problemas son importantes para alguien más que para ellos mismos. Necesitan que nosotros, cómo padres, los escuchemos y les comprendamos. Que tengamos tiempo, una atención y un interés real por su vida y sus sentimientos.


"Los niños necesitan que su hogar y su familia sea

un espacio seguro donde poder expresarse"


Este espacio seguro se compone básicamente de dos cosas que debemos poder ofrecerles: